La postura
Zack Polanski, líder del Green Party en Inglaterra y Gales, se mantiene firme en la reciente decisión de su partido de calificar el sionismo como racismo. En una entrevista con la BBC este domingo, Polanski no se guardó nada: llamó a la aplicación del sionismo una "ideología racista" y argumentó que debatir sobre la terminología es, en el fondo, una distracción del costo humano en Gaza.
"Creo que el sionismo es racismo en su aplicación práctica", declaró Polanski, señalando el elevado número de víctimas civiles palestinas como el núcleo de su razonamiento. Al ser presionado sobre la existencia de Israel, lanzó una opinión radical: no cree que ningún Estado tenga un "derecho a existir" bajo el derecho internacional, y considera que la solución de dos Estados no tiene ningún sentido.
Liderar en medio del drama
Polanski recibió críticas por no asistir a la votación de la moción en la conferencia; voces como la de Vivien Lichtenstein, jefa de los Jewish Greens, señalaron una falta de liderazgo. Ella argumentó que debería haber estado allí para debatir y votar, sin importar su agenda. Sin embargo, Polanski no se disculpa. Señaló que el grupo de los Jewish Greens apoyó mayoritariamente la moción y se mantiene firme en su decisión de enfocarse en temas de mayor calado.
Las consecuencias
Ha sido una racha difícil para el líder del partido. Tras un comienzo intenso en su mandato, donde el partido llegó a alcanzar el 18% en las encuestas, la situación se ha enfriado considerablemente. Entre preguntas sobre sus asuntos fiscales personales, un roce con la policía tras el ataque en Golders Green y esta última disputa, el ambiente no acompaña al impulso del partido. Aún así, Polanski asegura que no le preocupa, prediciendo que los votantes volverán cuando se den cuenta de que el Green Party "tenía razón desde el principio" respecto al liderazgo nacional actual.
Por qué importa
La decisión de Polanski de marcar territorio en estos temas supone un giro deliberado hacia la izquierda. Al inclinarse por un terreno polarizante y populista, está poniendo a prueba si a su base le importa más la pureza ideológica o la estabilidad necesaria para desafiar el statu quo a largo plazo.






