El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas acaba de lanzar una actualización mayor a su polémica lista negra de empresas que operan en la Cisjordania ocupada. Se añadieron 61 firmas adicionales, elevando el total a 214 negocios en 11 países diferentes. La mayoría de estas empresas tienen sede en Israel y, aunque cinco fueron eliminadas de la lista del año pasado, la presión está claramente aumentando.
¿Cuál es el vibe?
Lanzada por primera vez en 2020, esta lista es básicamente la forma en que la ONU señala a las empresas que, según ellos, son cómplices de violaciones de derechos humanos por sus vínculos comerciales con los asentamientos israelíes. Es una estrategia total de "name and shame"; la ONU no tiene la autoridad para obligar a estas empresas a cerrar o cambiar sus políticas. Es puro mensaje diplomático, pero si realmente les afecta donde más duele (la cuenta bancaria) sigue siendo una gran incógnita.
Volker Türk, el jefe de derechos humanos de la ONU, señaló que las empresas deben hacer su tarea para asegurarse de no estar lowkey facilitando abusos. Mientras tanto, la misión diplomática israelí en Ginebra no está nada contenta. Calificaron directamente la lista como un "intento feo de incluir en una lista negra a empresas israelíes" e insistieron en que las empresas listadas no han hecho nada malo.
Cómo llegamos aquí
Esta medida llega en un momento en que el escrutinio global sobre los asentamientos en Cisjordania está llegando a su punto máximo. El Reino Unido cortó recientemente el comercio con estos asentamientos, citando informes de "colonos terroristas" involucrados en lo que llamaron "limpieza étnica". Francia y Canadá también se unieron con medidas similares. La trama se complica, ya que la ONU insiste en que avisaron a estas empresas y les dieron la oportunidad de responder antes de finalizar la actualización, pero el rechazo de Israel sugiere que esto está lejos de resolverse.
Por qué importa
Esta lista destaca la creciente fricción entre los organismos internacionales de derechos humanos y las entidades comerciales que operan en territorios en disputa, marcando un cambio importante en cómo la ONU maneja la responsabilidad corporativa en zonas de conflicto.






