La situación
Matthew Cross, un joven de 31 años de Burnley, vive actualmente en la isla de Koh Tao en Tailandia con su pareja, Khin Thant Zin (Jue Jue), y su hijo de cinco meses, William. La familia planeaba un viaje a Lancashire esta Navidad para que William finalmente pudiera conocer a su bisabuelo, George Kerr, de 74 años. Debido a la mala salud de Kerr, viajar a Tailandia no es una opción, por lo que este viaje era la única oportunidad para que se conocieran.
El muro de la visa
A pesar de los esfuerzos de la familia por organizar una visita sencilla, el Ministerio del Interior del Reino Unido (Home Office) la bloqueó. Denegaron la visa de visitante de Zin, alegando que no estaban convencidos de que ella fuera una "visitante genuina". Los funcionarios citaron una falta de pruebas sobre su situación financiera y afirmaron que no demostró suficientes vínculos con Tailandia para asegurar que regresaría allí.
Para poner un poco de contexto: Zin es una refugiada de Myanmar y, como explicó Cross, nunca ha tenido una cuenta bancaria. El proceso para solicitar la visa ya era un dolor de cabeza: la familia gastó 400 libras en un agotador viaje de varios días a Phuket solo para completar el registro biométrico requerido.
Un caos total
Cross dice que toda la experiencia es sumamente desgastante. Tienen que repetir todo el proceso, incluyendo otro largo viaje a Phuket para los datos biométricos y pagar boletos de avión que ni siquiera están seguros de poder usar. Para cuando vuelvan a presentar la solicitud, la familia habrá gastado cerca de 3,000 libras en este trámite sin garantía alguna de éxito. Como no existe derecho a apelación, básicamente solo esperan que el Ministerio del Interior cambie de opinión para que el bebé pueda usar la ropa de invierno que su familia en Burnley ya le compró.
Por qué importa
Esta historia resalta la naturaleza intensa y a menudo rígida de la burocracia migratoria del Reino Unido. Incluso para los ciudadanos británicos que buscan traer a sus parejas a casa para visitas cortas, el criterio de "visitante genuino" crea una barrera importante, dejando a menudo a las familias en el limbo y arruinando reencuentros muy esperados.






