La situación

Si esperabas surfear o pasar el rato en Mount Batten Beach en Plymouth, qué mala suerte. Este punto popular ha estado cercado desde este verano y, siendo sinceros, las vibras están fatal. Desde 2019, el asbesto ha estado llegando a la orilla y, a pesar de que se han retirado más de 1.5 toneladas de material tóxico, sigue apareciendo.

¿Por qué sucede esto?

Los expertos creen que el problema está ligado a la antigua base de la RAF Mount Batten, que cerró en 1992. La arqueóloga marítima Mallory Haas cree que los restos de techos y construcción de la base fueron enterrados cerca del agua, y ahora que los acantilados se están erosionando, toda esa basura tóxica está quedando al descubierto. Es literalmente un vertedero histórico que vuelve para arruinar la playa.

El riesgo para la salud

Hablando claro: el asbesto no es ninguna broma. Aunque las pruebas actuales no han detectado fibras en el aire, las autoridades las encontraron en la arena durante abril y julio. Inhalar estas fibras puede provocar enfermedades pulmonares graves, como cáncer de pulmón, décadas después. El director de salud pública de la ciudad, el profesor Steve Maddern, dijo que cerrar la playa fue un "último recurso", pero que la seguridad pública es lo primero.

Las consecuencias

Los nadadores locales se sienten completamente expulsados de su espacio comunitario. Dado que la playa es una pieza clave del primer Parque Marino Nacional del Reino Unido, que esté detrás de una valla es una derrota total. La diputada local Rebecca Smith está presionando al consejo para que deje de dar largas, y algunos negocios locales, como el restaurante The Bridge, ya se han visto obligados a cerrar por la falta de visitantes.

Por qué importa

La seguridad pública no es negociable, pero seis años es mucho tiempo para que una comunidad esté privada de su propio espacio. El consejo dice que la limpieza es una "alta prioridad", pero hasta que no contraten a alguien para encontrar el origen exacto de la erosión, la playa seguirá siendo una zona prohibida. Es un recordatorio de que, aunque pensemos que hemos limpiado el pasado, a veces solo está esperando para aparecer en nuestra orilla.