El bloqueo actual

Jerusalén siente el peso de unas elecciones a menos de un mes y, literal, el ambiente está muy raro. Desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y los conflictos subsiguientes en Gaza, Líbano e Irán, el panorama político ha cambiado por completo. Las encuestas muestran que a la coalición de Benjamin Netanyahu le está costando llegar al umbral de 61 escaños necesarios para la mayoría, pero su principal rival, Gadi Eisenkot, tampoco tiene una posición sencilla para hacerse con el poder. Eisenkot ha descartado explícitamente coaliciones con partidos liderados por ciudadanos palestinos de Israel, lo que convierte la formación de gobierno en un desafío masivo.

¿Por qué tanta tensión?

Es agotamiento total. La confianza pública en las instituciones se ha desplomado, cayendo del 61% en 2012 a solo un 34% en 2025. Muchos votantes sienten que el gobierno actual falló al no responder a los ataques del 7 de octubre o a la crisis económica en curso. Los precios de los alimentos se dispararon, subiendo un 9.5% en dos años, y mientras la gente lucha contra el costo de vida, sienten que el gobierno está demasiado enfocado en la guerra regional. Mientras tanto, la comunidad ultraortodoxa está dividida. Después de que la Corte Suprema dictaminara que la exención del servicio militar para estudiantes de seminario era ilegal, estallaron protestas. Ahora, los votantes haredíes más jóvenes están señalando que podrían ignorar a sus rabinos y votar basándose en su propia frustración con el manejo de la ley por parte de Netanyahu.

¿Quién quiere qué?

Es una historia de dos bandos. Por un lado, están los "bibistas": partidarios leales que quieren que Netanyahu se quede y "termine el trabajo" en los conflictos actuales. Por otro, están los votantes que respaldan a Eisenkot, quienes anhelan un giro hacia la política social, la educación y la estabilidad económica. Luego está el bloque de extrema derecha, incluidos los partidarios de ministros como Itamar Ben-Gvir, que están redoblando sus posturas agresivas. Siendo realistas, las encuestas están tan cerradas que nadie sabe hacia dónde se inclinará la balanza. Está totalmente en el aire.

Por qué importa

Esta elección no es solo sobre quién se sienta en la silla del primer ministro; es sobre el futuro de un país que lidia con el aislamiento diplomático, una profunda división interna sobre el servicio militar y una situación de seguridad regional súper volátil. Quien gane tendrá que navegar por un país que está física y políticamente agotado.