El 'ick' es real

Hablando claro: si estás embarazada o acabas de tener un bebé y de repente sientes que tu mascota es lo peor, no estás perdiendo la cabeza. No eres una mala persona y, definitivamente, no eres un monstruo. En realidad, es un fenómeno documentado que toma desprevenidos a muchísimos padres primerizos.

Tomemos el caso de Sylvia Luu, por ejemplo. A las tres semanas de embarazo, pasó de estar obsesionada con su border collie, Ranger, a sentir náuseas físicas solo de verlo. No podía soportar ni su olor; así de intenso fue. Esto suele estar relacionado con los cambios hormonales extremos del embarazo y, para cerca del 1% al 3% de las personas, puede escalar hasta una hiperémesis gravídica, que potencia al máximo tus sensores de asco.

Por qué importa

Todavía no hay demasiada investigación oficial al respecto, en parte porque la salud de la mujer está lowkey subfinanciada y el vínculo humano-animal suele trivializarse. Sin embargo, una encuesta de 2025 realizada por ManyPets encontró que el 15% de los encuestados que tienen mascotas sintieron una fuerte aversión hacia sus perros durante el embarazo.

Ya sea por la muda de pelo, los ladridos constantes o simplemente el sonido de sus garras en el suelo, esto causa una sobrecarga sensorial brutal. La Dra. Shelby McDonald, investigadora de la Universidad de Tennessee, Knoxville, señala que muchos padres notan que su capacidad para cuidar a una mascota disminuye significativamente una vez que llega el bebé.

Cómo manejar la culpa

Si te sientes así, la culpa es la peor parte. Empiezas a cuestionar toda tu identidad, pero los expertos dicen que estos sentimientos suelen ser temporales. Si te está costando trabajo, aquí tienes cómo puedes sobrellevarlo:

  • Delega las tareas: Pide a un amigo, familiar o cuidador de mascotas que se encargue de los paseos y las visitas al veterinario. No tienes que hacerlo todo tú.
  • Pon límites: Crea zonas prohibidas para las mascotas en tu casa para que tengas un lugar donde recargar energías sin el estrés del animal.
  • Usa las herramientas adecuadas: Apóyate en la tecnología; una aspiradora robot es una salvación para los problemas de pelo.
  • Habla de ello: Si los sentimientos de rabia o rechazo se sienten fuera de control, busca un terapeuta especializado en terapia cognitivo-conductual (TCC) para que te ayude a procesarlo.

Si realmente sientes que no puedes brindar los cuidados necesarios, recuerda que buscarle un nuevo hogar a un animal para asegurar su seguridad y bienestar puede ser, de hecho, un acto de cuidado responsable. No hay nada de malo en asegurarte de que tanto el bebé como tu mascota estén en el entorno adecuado.