Si tu cerebro ama catastrofizar cada interacción social hasta que lowkey quieres desaparecer, no estás solo. Para muchos de nosotros, el miedo a hacer el ridículo pesa tanto que se siente como un trabajo de tiempo completo. Un escritor compartió hace poco cómo pasó de ser un adolescente que se escondía detrás de su hermana gemela a mudarse al otro lado del mundo, todo gracias a un truco de terapia que vive rent-free en su cabeza.
La fórmula mágica
El avance llegó durante una sesión de terapia cuando el autor estaba entrando en espiral ante la idea de enfrentar al mundo. Su terapeuta le lanzó dos preguntas: '¿Qué es lo peor que podría pasar?' y '¿Y luego qué?'
Cuando admitió que su mayor miedo era quedar como un idiota, el terapeuta insistió: '¿Y luego qué?'. La realización fue un W total: incluso en el 'peor' escenario, el resultado es simplemente irse a casa, meterse a la cama y volver a intentarlo al día siguiente. Es el reality check que necesitábamos.
Por qué importa
Estas preguntas se han convertido en una guía de supervivencia para todo, desde las presentaciones incómodas en la universidad hasta las primeras citas que no te hacen querer correr en dirección opuesta. Al quitarle el poder al 'qué pasaría si', el escritor logró obtener un título de primera y hasta sobrevivir a una mudanza internacional. Ya sea que estés evitando a un ex compañero en el súper o preparándote para una entrevista de trabajo, esta mentalidad es un major vibe. Todo se trata de entender que tus metidas de pata sociales, reales o imaginarias, casi nunca importan a largo plazo. Say less, definitivamente lo añadimos a nuestra caja de herramientas.




