El ciclo del miedo a la comida

Honestamente, la forma en que nos relacionamos con la comida es súper tóxica. Durante gran parte de mi adolescencia y mis 20, comer era un placer del que me sentía culpable o una estrategia logística que tenía que planificar. Pasé años obsesionada con la grasa abdominal: tomando té verde a lo loco porque Instagram decía que funcionaba, eliminando carbohidratos después de que una amiga juzgara mi almuerzo y haciendo ayuno intermitente. Es puro 'caos nutricional'.

Recuerdo vívidamente tener 19 años en un viaje familiar en París, sentada frente a un espejo y deseando literalmente poder arrancarme la grasa de los muslos. Ese era mi punto de partida: ver mi propio cuerpo como el enemigo.

El cambio en Montana

Todo cambió cinco años después. Vivía en Belgrade, Montana, trabajando para la marca de caza MeatEater. La inflación estaba disparando los precios de la carne —los precios de la carne molida subieron casi un 80% desde 2020—, pero para mí, el cambio fue más personal.

En 2021, fui a cazar con mi papá en Wyoming. Le disparé a una cierva de cola blanca y, mientras me arrodillaba junto a ella, me di cuenta de que estaba llena de grasa. Era su combustible de supervivencia, una capa saludable diseñada para mantenerla viva durante el invierno. No era 'mala' ni 'innecesaria', era esencial. Esa revelación me golpeó como un rayo. Nos enseñan que cualquier fluctuación de peso significa que estamos 'rotos', pero la naturaleza funciona literalmente bajo estos ciclos.

Por qué importa

La psicóloga Dra. Hannah Carl señala que estamos completamente desconectados de cómo se obtiene realmente nuestra comida. Vivimos en un mundo donde tratamos la comida como 'combustible' o como 'el enemigo', usando términos como 'hacer trampa' o 'darse un capricho' al hablar de la cena. Como señala la autora Elise Loehnen, la vieja cuenta de 'calorías entran, calorías salen' es simplista y está desactualizada, pero seguimos empujando a las mujeres hacia un estándar de perfección imposible. Cambiar una década de tu vida solo para evitar ser 'categóricamente obesa' no es solo triste: es una señal de alerta de que la obsesión de nuestra cultura con el tamaño corporal es muy dañina. Es hora de dejar de patologizar nuestros cuerpos y empezar a respetar la biología real de la supervivencia.