El estado de Texas llevó a cabo su sexta ejecución del año este miércoles en la penitenciaría estatal de Huntsville. Ker’Sean Ramey, de 41 años, murió por inyección letal tras ser condenado por su papel en un triple homicidio en 2005. La tragedia ocurrió en la pequeña ciudad de Edna, a unos 160 kilómetros de Houston, donde Ramey y LeJames Norman irrumpieron en una casa con la intención de robar cocaína. No encontraron drogas, pero terminaron matando a los tres residentes: Samuel Roberts, de 24 años, Tiffani Peacock, de 18, y Celso Lopez, de 38. ## Las consecuencias legales Norman, quien vivía frente a la casa de las víctimas, ya había sido ejecutado en las mismas instalaciones apenas la semana pasada, el 16 de septiembre. Durante el juicio de Ramey, Norman testificó que ambos eran responsables de los disparos, aunque el equipo legal de Ramey intentó culpar a Norman de la violencia. La fiscalía presentó una versión distinta, citando un historial de comportamiento criminal. La exnovia de Ramey testificó que él le había confesado los detalles y que se deshizo de las armas en un lago. A pesar de un último esfuerzo de sus abogados —quienes argumentaron que el jurado no conocía su trauma infantil ni su situación de pobreza—, la Corte Suprema de los EE. UU. denegó su apelación el miércoles. Con otras tres ejecuciones programadas en Texas para los próximos dos meses, el debate sobre el uso de la pena capital en el estado está más intenso que nunca. ## Por qué importa Este caso marca otro capítulo en el uso constante de la pena de muerte en Texas. Es un recordatorio impactante de cómo un incidente de 2005 sigue resonando en el sistema judicial, resultando en la pérdida de múltiples vidas y cerrando el ciclo para todas las partes involucradas.