El elefante incómodo en la habitación
Shane Gillis regresó a 30 Rock por tercera vez como host de Saturday Night Live, pero la vibra fue, literal, un tanto 'mid'. Volviendo al escenario tras su infame despido en 2019, Gillis apareció con una camiseta negra casual, intentando navegar un monólogo que se sintió más como una sesión de desahogo que como un set de comedia bien armado.
Los chistes que no pegaron
Gillis dedicó buena parte de su tiempo a hablar de su lucha por mantenerse en forma. Contó una anécdota en un gimnasio de Nueva York, quejándose de que el lugar estaba lleno de "chicos gays muy atractivos" que no lo hacían sentir muy bienvenido. La situación se puso más cringe cuando empezó a opinar sobre cómo se visten las mujeres en el gym, soltando comentarios que fueron recibidos con gemidos de desaprobación por parte del público.
Luego cambió de tema hacia su propia apariencia, notando que su línea de cabello está, lowkey, empezando a parecerse a la de cierto líder fascista. "O eres gay o eres Hitler, ¿y no es eso en lo que nos hemos convertido como país?", soltó. La reacción de la audiencia fue, por decir lo menos, bastante silenciosa. El monólogo terminó de forma abrupta, dejando a muchos preguntándose si el escenario de SNL es su 'final boss' o si simplemente al bit le faltó cocinarse un poco más.
Una historia complicada
Real talk: la tensión entre Gillis y SNL viene de lejos. Originalmente fue contratado como parte del elenco en 2019 junto a Chloe Fineman y Bowen Yang, pero lo despidieron cinco días después de que resurgieran clips polémicos de su podcast. El creador de SNL, Lorne Michaels, ha estado en una misión de redención, invitándolo seguido e incluso ofreciéndole el papel de Donald Trump para la temporada 50 del show, oferta que Gillis rechazó. Desde su despido, Gillis se ha mantenido 'booked and busy' con su podcast, especiales de stand-up y la serie Tires de Netflix.
Por qué importa
A pesar de que tiene un talento innegable para la comedia en otros espacios, a Gillis le ha costado encontrar el ritmo específico que pide un monólogo de SNL. Esta última presentación resalta la fricción constante entre su estilo de humor y el escenario de SNL, recordándonos que incluso los comediantes que arrasan en sus giras a veces pueden llevarse un L cuando las cámaras están en vivo.






