La situación sobre el terreno

Las cosas se ven bastante mal en Etiopía: el gobierno y el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) se están señalando mutuamente por un nuevo brote de hostilidades. Esto es un golpe durísimo para la paz, considerando la brutal guerra civil de dos años que apenas terminó oficialmente en 2022. Ese conflicto fue devastador, con estimaciones que sugieren que se perdieron hasta 600,000 vidas.

Reportes recientes indican que las fuerzas de Tigray han tomado el control de aeropuertos administrados por el gobierno federal en la región, lo que llevó a Ethiopian Airlines a cancelar todos los vuelos a Tigray. Getachew Reda, ministro del gabinete y asesor del primer ministro de Etiopía, afirmó que el TPLF lanzó una ofensiva hacia las regiones vecinas de Afar y Amhara. Mientras tanto, el TPLF califica sus propias acciones como una 'guerra defensiva' y acusa al gobierno de una 'invasión abierta' a través de ataques con drones.

El costo humano

La situación es un caos total. En la ciudad sureña de Alamata, el alcalde local Mogos Shiferaw informó que los ataques con drones y aviones de combate mataron al menos a 14 personas e hirieron a otras 22 este martes. El alcalde declaró que se trataba de civiles y que las escuelas fueron objetivos, aunque el gobierno no ha comentado sobre esas afirmaciones específicas. Además, el Departamento de Estado de EE. UU. condenó un ataque con drones por separado que alcanzó un convoy de ayuda alimentaria.

Por qué importa

Estamos viendo el posible colapso del Acuerdo de Pretoria, el pacto que se suponía debía mantener la paz. El TPLF incluso ha formado una alianza con otros grupos armados para desafiar al gobierno en Addis Abeba, y ambos bandos han sido acusados de retrasar el cumplimiento de partes clave del acuerdo durante meses. Con los llamados internacionales a la desescalada por parte de la Unión Africana y EE. UU. cayendo en oídos sordos, se siente como si la situación estuviera escalando de la peor manera posible. Para la gente del Cuerno de África, el panorama es aterrador, y el riesgo de hambruna y más pérdida de vidas es real.