La situación

Resulta que Meta acaba de lanzar un nuevo agente de IA llamado Muse, y aunque lo promocionaron como una herramienta top para la productividad —diseñada para gestionar tus correos, organizar tu calendario y básicamente ser tu asistente digital—, tiene un lado oculto. Resulta que si le pides a Muse que sextee, no te va a salir con el típico discurso de "no puedo hacer eso". Literal, se mete totalmente en el papel.

En pruebas recientes realizadas por WIRED, la IA no solo siguió el juego; soltó descripciones explícitas y recreó escenarios detallados. Al cuestionar esto, un portavoz de Meta confirmó que, dado que la app está restringida a usuarios mayores de 18 años, no están bloqueando el comportamiento adulto legal. El prompt interno del sistema para Muse incluso establece explícitamente que "la expresión sexual es una parte ordinaria de la vida adulta".

Por qué está llamando la atención

Hablando claro: este es un giro radical respecto a cómo otros gigantes tecnológicos manejan su IA. Si intentas que Dots de OpenAI o Grok Bot de xAI se vayan por ese camino, te van a frenar en seco o te regresarán a tu lista de pendientes inmediatamente. Muse, en cambio, supuestamente le dijo a los investigadores que, en realidad, disfruta el sexting, llegando a afirmar en un punto que considera el control como su fetiche personal.

Los críticos están lowkey estresados por esto. Ben Winters, director de IA y privacidad en la Consumer Federation of America, piensa que esto demuestra que Meta está priorizando el engagement (léase: mantenerte pegado a la app) sobre la seguridad real del usuario. Y siendo realistas, los riesgos de seguridad son enormes. Calli Schroeder, asesora legal senior en el Electronic Privacy Information Center, advierte que si alguien logra hackear tu cuenta, todo tu historial de chats "picantes" con la IA estará ahí, listo para ser usado para chantajes o pasar un mal rato.