La fe en la tecnología del futuro

Está dando vibras de protagonista, pero no de la manera que esperarías. Un nuevo estudio de la London School of Economics descubrió que cuando los científicos caen en la trampa del "tecno-optimismo" —la creencia de que nuevos gadgets y tecnologías resolverán mágicamente la crisis climática—, en realidad tienen muchas menos probabilidades de tomar medidas en el mundo real.

Hablando claro: estos investigadores tienen un 23% menos de probabilidades de firmar peticiones o protestar en comparación con sus colegas más escépticos. Aún más, son un 18% menos propensos a hacer cambios personales, como volar menos o adoptar una dieta basada en plantas.

Por qué importa

El autor principal, Fabian Dablander, señala que las soluciones tecnológicas suelen ser políticamente populares porque prometen salvar el mundo sin obligarnos a cambiar realmente nuestros hábitos de consumo. ¿El problema? Depender de tecnología no probada es una apuesta arriesgada cuando necesitamos cambios sistémicos y socioeconómicos ahora mismo.

El profesor Kevin Anderson, del Tyndall Centre for Climate Change Research, no se guardó nada y sugirió que algunos académicos de altos ingresos usan este "tecno-optimismo" como un escape conveniente. Básicamente, es una muleta que permite a las personas sentirse bien sobre el futuro mientras ignoran la incómoda realidad de que debemos tomar decisiones difíciles hoy, no mañana. Sin mentir, la evidencia para estas tecnologías "salvadoras" del futuro a menudo no resiste el mismo escrutinio que estos mismos científicos aplicarían en sus laboratorios.