Los números reales
Realmente, los libros de historia han estado subestimando el tamaño de la población indígena de Australia antes de 1788. Un nuevo estudio importante publicado en Nature Human Behaviour sugiere que cerca de 2.22 millones de personas indígenas vivían en el continente antes de la llegada de la Primera Flota. Eso es hasta siete veces más alto que algunas de las estimaciones anticuadas que han circulado durante décadas.
El colapso demográfico
Es una tragedia total. Los investigadores descubrieron que, en solo 73 años tras la llegada de los europeos, aproximadamente el 93% de la población indígena se perdió. Estamos hablando de 2.06 millones de muertes en exceso entre 1788 y 1861 debido a enfermedades, violencia fronteriza y opresión sistémica. Para 1861, la población se había desplomado a solo el 7% de su tamaño original.
Cómo lo saben
Los científicos no solo adivinaron. El equipo, que incluyó colaboradores indígenas, utilizó una mezcla de modelos informáticos avanzados, datos genéticos, hallazgos arqueológicos y registros etnográficos. Básicamente, mapearon cuántas personas podía soportar la tierra realmente. Este enfoque les permitió dejar atrás los cálculos obsoletos de la década de 1930 que claramente no dieron en el clavo sobre el verdadero impacto de la colonización.
El camino a seguir
Aunque la población indígena ha estado creciendo desde la década de 1950, todavía no ha alcanzado esas cifras precoloniales. Si las tendencias actuales continúan, los expertos proyectan que podríamos no ver esos niveles nuevamente hasta 2047. Como señaló la distinguida profesora Larissa Behrendt AO, esto no es un detalle menor; es una catástrofe demográfica en el corazón de la historia australiana. Pero aun con eso, la resiliencia de los indígenas australianos sigue siendo absolutamente increíble.
Por qué importa
Esta investigación es esencial para contar la verdad y avanzar en la reconciliación. Comprender la verdadera magnitud de este colapso nos ayuda a entender mejor la realidad del trauma intergeneracional y las desventajas sistémicas actuales, y nos recuerda que la historia suele estar sesgada por quien la escribe.






