Una crisis de salud en aumento
Los expertos médicos del Hospital Alder Hey en Liverpool han dado la voz de alarma ante una tendencia preocupante: niños de apenas 13 años están sufriendo daños severos en la vejiga debido al uso de ketamina. Desde que abrieron una clínica dedicada a esta condición el pasado mes de mayo, el hospital ha recibido ya más de 100 derivaciones.
Los médicos advierten que las consecuencias físicas de la droga son brutales. Algunos pacientes han reportado expulsar partes del revestimiento de su vejiga, una experiencia que algunos describen literalmente como "orinar una medusa". El uso prolongado puede derivar en incontinencia, dolor crónico —que los pacientes comparan con "hacer pipí sobre vidrios rotos"— y, potencialmente, incluso insuficiencia renal permanente.
Atrapados en el 'bucle K'
La profesora Rachel Isba, quien dirige la clínica, explicó que la naturaleza anestésica de la droga crea un ciclo peligroso. Debido a que la ketamina adormece el cuerpo, algunos consumidores toman más cantidad para intentar calmar el dolor extremo que la sustancia provoca en sus propias vejigas. Este fenómeno, conocido como el "bucle K", hace que sea increíblemente difícil para los usuarios jóvenes detenerse sin ayuda profesional.
Muchos de estos menores usan la droga para lidiar con traumas emocionales o problemas de salud mental, describiéndolo a menudo como una forma de "silenciar" sus mentes. A pesar de estos riesgos, la sustancia suele venderse a precios muy bajos, lo que la hace cada vez más accesible. Aunque la Asociación Británica de Cirujanos Urológicos estima que el 30% de los usuarios frecuentes enfrentarán estos problemas de vejiga, actualmente existe un vacío importante en los recursos de tratamiento para menores de 16 años, quienes a menudo no pueden acceder a las mismas instalaciones de desintoxicación que los adultos.
Por qué importa
El consumo de ketamina entre los jóvenes en el Reino Unido está aumentando rápidamente, convirtiéndose en la tercera sustancia más popular después del cannabis y el alcohol. Dado que algunos niños requieren intervención quirúrgica o incluso la extirpación total de la vejiga, los expertos resaltan la necesidad urgente de mejores cuidados especializados y estrategias de intervención para frenar este ciclo antes de que los daños físicos sean irreversibles.






