El vibe check en el Smithsonian
El Smithsonian está teniendo el peor año de su historia, literal. Normalmente, esta enorme red de 21 museos es el punto neutral al que 15 millones de personas van cada año a empaparse de historia y ciencia. Pero ahora, el gobierno de Trump lo ha arrastrado a una guerra cultural total y el ambiente está bastante tenso.
¿Por qué está pasando esto?
Todo empezó con la controversia sobre cómo el museo presenta la historia de EE. UU. En 2021, una exhibición sobre Benjamin Franklin señaló que su trabajo científico fue, posiblemente, 'posibilitado' por personas esclavizadas. La muestra incluso especulaba que Franklin pudo haber usado a esas personas en sus experimentos eléctricos. Para algunos, esto era solo historiadores siendo realistas sobre el pasado, pero para el gobierno actual, fue un error monumental.
En julio, un informe de 162 páginas de la Casa Blanca acusó al Smithsonian de caer en una 'captura ideológica'. Afirmó que el museo dejó de lado la investigación académica real por un 'activismo político extremo'. Las cosas escalaron rápido: dos comités de la Cámara de Representantes interrogaron a la directora del museo, Anthea Hartig, cuestionando desde la exhibición de Franklin hasta la presencia de un arnés de cromo y caucho en la colección.
Lo que está en juego
Esto no es solo un pleito en Twitter; la institución está sintiendo la presión real. Aunque el Smithsonian es independiente, depende del gobierno federal para cerca del 62% de su presupuesto, lo que equivale a más de mil millones de dólares al año. Ahora hay amenazas reales de recortes y el Secretario del Interior, Doug Burgum, sugirió que otras agencias federales deberían dejar de apoyar al Smithsonian bajo su liderazgo actual. La presión fue demasiada y, el 8 de septiembre, el secretario del Smithsonian, Lonnie Bunch, renunció citando el estrés del puesto.
La historia del drama
La trama se complica cuando te das cuenta de que el museo lleva años tratando de encontrar su identidad. Originalmente era un museo de tecnología, no de historia, lo que le dio una vibra incoherente que ha sido criticada por décadas. En 2002, una comisión incluso le dijo a la administración que necesitaban una 'transformación' para equilibrar sus exhibiciones. Ahora, el gobierno de Trump está interviniendo para forzar ese cambio, con el objetivo de 'advertir' a los visitantes sobre lo que consideran una narrativa sesgada.
Por qué importa
Este es un momento de 'main character energy' para la Casa Blanca, que intenta reescribir cómo ve el país su propia historia durante su 250 aniversario. Es una prueba de fuego para una de las instituciones más icónicas de Estados Unidos: ¿podrá sobrevivir como un espacio neutral o la era de la narrativa histórica bipartidista terminó? Literal, la identidad del Smithsonian está en juego.






