Un cambio de vibra
Las cosas debían ser diferentes en el Last Ditch Bar de Greenfield este sábado. El lugar, que normalmente exige cubrebocas N-95 a sus clientes, intentó cambiar las reglas con una noche sin mascarillas, un giro planeado para ayudar a que el negocio, que está pasando por apuros, lograra mantenerse a flote. Pero cuando llegó el momento, la situación se sintió menos como una fiesta y más como un enfrentamiento de alto riesgo.
Más de una docena de personas llegaron alrededor de las 7 p.m. para una 'noche gótica' con los DJs Hannibal Directive y Puppy Synthesis, solo para encontrarse con una reunión de emergencia del personal a última hora. Para las 10 p.m., la multitud había crecido a casi 100 personas, pero rápidamente se toparon con una realidad: el evento se había vuelto privado. A menos que pudieras nombrar a alguien que ya estuviera adentro, te quedabas fuera. Como medida de seguridad adicional, el personal exigió a los invitados entregar sus identificaciones al entrar, devolviéndolas solo al salir.
¿Por qué tanto drama?
Esta no es la primera vez que el bar causa revuelo. Desde que anunciaron el plan de eliminar el uso obligatorio de cubrebocas una noche a la semana, el establecimiento ha sido duramente criticado en redes sociales. Los críticos calificaron la medida como un 'evento de discapacidad masiva' y acusaron a los dueños de ser 'cómplices' al poner en peligro a la comunidad. Por dentro, el espacio sigue lleno de recordatorios de la era de la pandemia, desde folletos sobre pruebas rápidas y liberación queer hasta una 'tienda' gratuita de cubrebocas N-95 y purificadores de aire de alta potencia. A pesar de todo el ruido, pocas personas dentro del edificio usaban cubrebocas el sábado.
Para la dueña Jackie Matellian, el peso del negocio es enorme. Matellian, de 26 años, es ahora la única propietaria después de que sus cofundadoras originales se fueran; una de ellas dejó el negocio para irse a una escuela de payasos. Ella ha sido abierta sobre sus dificultades, revelando en una reunión reciente que ha estado viviendo en su auto durante seis meses mientras carga con un préstamo comercial de $50,000 dólares. 'No creo que esté haciendo un muy buen trabajo', admitió.
Por qué importa
La situación se siente como un momento de 'la trama se complica' para la comunidad queer local mientras lidian con la tensión entre la seguridad pública, la libertad personal y la dura realidad de mantener vivo un negocio pequeño y especializado en una economía post-pandemia. Para el Last Ditch Bar, la supervivencia del negocio cuelga de un hilo y está claro que la vibra no es la mejor.





