El paralelismo histórico
Robert P. Jones, fundador del Public Religion Research Institute (PRRI), hace una afirmación contundente en su nuevo libro, Backslide: Reclaiming a Faith and a Nation After the Christian Turn Against Democracy. Sostiene que el clima político actual, avivado por el nacionalismo cristiano y la retórica de Donald Trump, es nuestro "1933", un paralelismo directo con el ascenso del partido nazi en Alemania.
Jones señala que durante años, muchos líderes, como el pastor luterano Martin Niemöller, no se opusieron a los nazis hasta que fue demasiado tarde. Advierte que la historia pedirá cuentas a los cristianos de hoy por su apoyo al movimiento MAGA, tal como los cristianos alemanes tuvieron que asumir las consecuencias de su silencio durante el régimen de Hitler.
La matemática detrás del pánico
Según Jones, este giro político no es solo cuestión de ideología, es demografía pura. En 2008, los cristianos blancos representaban el 54% de la población de EE. UU.; hoy, esa cifra ha caído al 41%. Los evangélicos blancos, que alguna vez fueron un bloque de votantes conservador masivo, han visto cómo sus números se desplomaron del 25% de todos los estadounidenses a principios de siglo a solo el 13% hoy.
Esto no está llevando a una renovación espiritual; está llevando a un pánico existencial. Jones argumenta que este declive creó la oportunidad perfecta para un trato "quid pro quo" con Donald Trump. El acuerdo es simple: Trump promete restaurar una versión de Estados Unidos que se parezca a ellos y mantener el poder, y a cambio, ellos entregan los votos. Es una alianza transaccional que, en gran medida, ha abandonado el lenguaje de la "mayoría moral" del pasado por una postura abiertamente antidemocrática.
Por qué importa
Jones sostiene que la asistencia religiosa entre los evangélicos blancos ya no fomenta valores democráticos. En cambio, sus datos sugieren que las comunidades eclesiásticas a menudo refuerzan posturas antiinmigrantes y contra las minorías, creando burbujas aisladas donde estas opiniones no se cuestionan. Es un cambio total en cómo funciona la religión en la vida estadounidense, y es lowkey aterrador ver cómo las vibras han pasado de la defensa moral a la búsqueda de poder. Como dice Jones, este es un "pacto fáustico" que está transformando activamente la trayectoria de la democracia en EE. UU.




