El gran evento

Miley finalmente se lució en el escenario del Hollywood Bowl el viernes 16 de octubre, marcando su primer concierto a gran escala en cuatro años. Para cualquiera que haya seguido su evolución de estrella infantil a realeza del pop, el ambiente estuvo, literal, impecable. El show, el primero de dos noches con entradas agotadas, se enfocó mucho en su álbum más reciente, Bass Persuades, pero también nos dio los clásicos que tanto necesitábamos.

Sentimientos inesperados

No fue solo un concierto; fue todo un mood. Miley se puso sentimental sobre su amor por Dolly Parton, revelando que solo había visto a su ídolo actuar en vivo una vez: justo ahí, en el Hollywood Bowl. Con lágrimas en los ojos, incluso subió al escenario un marco con forma de corazón de Dolly mientras cantaba "Wrecking Ball", demostrando que su vínculo es literal goals.

También tuvimos una aparición sorpresa de Wayne Coyne de The Flaming Lips. Ambos se juntaron en el escenario B para interpretar "Do You Realize??" y "Karen Don’t Be Sad". Miley fue totalmente real con el público, admitiendo que, aunque está emocionada por la gira, también está obsesionada con los peces nuevos que su pareja, Maxx Morando, consiguió hace poco. Real talk: el equilibrio le sienta bien.

El gran final

Cerró la noche caminando entre la multitud, un momento emotivo que admitió fue "mucho" para procesar. Tras un breve momento de twerking durante "We Can’t Stop" (sí, todavía le sale increíble), trajo a Morando para una interpretación dulce de "Let’s Get Married" antes de cerrar con el himno del siglo, "Flowers".

Por qué importa

Miley ha pasado años curando cuidadosamente su metamorfosis, y este show demostró que oficialmente está entrando en su era más auténtica hasta ahora. Al equilibrar su nuevo sonido experimental con los éxitos que la pusieron en el mapa, nos está enseñando a todos que puedes evolucionar sin perder tu esencia. Finalmente está viviendo todo lo que siempre quiso, y estamos aquí para apoyarla.