La tormenta detrás de la ciencia

El huracán Simon ha estado arrasando el Pacífico Oriental esta temporada y trajo un caos serio a la costa de México. El 11 de octubre, la tormenta de categoría 4 se encontraba a unas 30 millas de la costa, cerca de Manzanillo y Puerto Vallarta, con vientos que alcanzaban unas brutales 130 mph. Aunque la Sierra Madre ayudó a amortiguar el impacto, los pueblos costeros aún lidiaron con inundaciones fuertes y la amenaza latente de deslizamientos de tierra.

Ondas cósmicas

Más allá del viento y la lluvia, los satélites de la NASA captaron un fenómeno increíble. A medida que el núcleo de la tormenta ganaba potencia, envió 'ondas de gravedad atmosférica' que se propagaron hasta la estratosfera y la mesosfera.

Piénsalo de esta manera: el calor intenso de la tormenta y el aire que sube a gran velocidad actúan como una piedra lanzada en un estanque; pero en lugar de agua, estas ondas se mueven a través del aire. Estas perturbaciones pueden ser difíciles de detectar, pero debido a que estaba oscuro y la luna no afectaba la visibilidad, los sensores del satélite pudieron captar los patrones tenues de estas ondulaciones en el resplandor natural de la atmósfera terrestre.

Por qué importa

Estas observaciones son una gran victoria para la ciencia climática. Si bien los meteorólogos tienen actualmente 'muy baja confianza' respecto a la trayectoria e intensidad de Simon, estas ondas de gravedad brindan a los investigadores una mirada profunda y poco común sobre cómo los huracanes interactúan con la parte superior de nuestra atmósfera, ayudándonos a entender el funcionamiento interno de eventos climáticos masivos en tiempo real.