Una sorpresa increíble. A veces el universo decide darnos una alegría inmensa. Para un padre que visitaba una playa en Los Ángeles, una tarde cualquiera con su hermana y su hijo de tres años se convirtió en un momento épico gracias a dos pilotos de helicóptero con una vibra excelente. El padre, que vive en Australia, se estaba poniendo al día con su hermana que vive en Ucrania. Llevaban cinco años sin verse, así que el viaje a la playa ya era bastante emotivo. Durante la charla, el padre reflexionaba sobre cómo tener un hijo ha cambiado su forma de ver a los hombres. Mencionó que, aunque antes le daban desconfianza los trabajadores de la construcción, ahora ve cómo dejan que su hijo juegue con radios o haga sonar bocinas de tractores solo para hacerlo reír. Es energía pura y positiva. ## La historia se pone mejor. Justo cuando compartían esta observación, un helicóptero de la guardia costera pasó zumbando por encima. Como el niño está obsesionado con los helicópteros, el grupo hizo lo más icónico de siempre: empezaron a saludar con todas sus fuerzas. La mayoría de los pilotos habría seguido su camino, pero esta tripulación decidió ser legendaria. De repente, dieron una vuelta y volaron súper bajo, casi como si fueran a aterrizar, rodeando al grupo dos veces. Los dos pilotos adentro saludaban y movían los labios diciendo "¡Hola!" al niño, dejando a toda la playa sorprendida. Otros bañistas grababan, la hermana lloraba de la emoción y el niño de tres años estaba viviendo su mejor momento. ## Por qué importa. Fue un encuentro breve y aleatorio, pero ilustró perfectamente el punto que el padre había mencionado todo el día: a veces la gente hace cosas geniales solo porque puede. Fue un recordatorio de que la bondad no ha muerto y, para un niño pequeño, fue sin duda lo mejor que le ha pasado en la vida.