La situación

Las autoridades de Nueva Zelanda están investigando a fondo a Hamam al-Hammami, el copiloto omaní de 29 años que presuntamente intentó secuestrar un vuelo de flydubai con destino a Tel Aviv el 30 de septiembre. Con 182 personas a bordo, la situación pintaba fatal, pero los pasajeros y la tripulación intervinieron para detener el ataque. Las autoridades aseguran que Hammami supuestamente usó un hacha de emergencia para apuñalar al capitán durante el vuelo, una maniobra que, según sospechan, podría haber sido un plan retrasado desde julio.

Siguiendo la pista

El subcomisionado de la Policía de Nueva Zelanda, Michael Johnson, confirmó que Hammami pasó 175 días en el país con una visa de estudiante entre finales de 2018 y mediados de 2019. Estuvo allí para completar un entrenamiento de vuelo para una compañía con sede en el Reino Unido que ya no opera localmente. Esto se suma a las revelaciones de que Hammami pasó dos años en Australia estudiando ingeniería en la Universidad RMIT antes de abandonar los estudios en 2017.

Las agencias internacionales están tratando de averiguar si tuvo cómplices o si actuó solo. También hay mucha presión sobre sus antiguas relaciones; el Consejo Ejecutivo de Judíos Australianos está exigiendo una investigación profunda sobre con quién se relacionaba Hammami durante su estancia en Australia, citando preocupaciones sobre una posible influencia extremista.

Caos en la cabina

El capitán Smit Machchhar, quien sobrevivió al ataque, le contó al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que al principio pensó que el avión tenía problemas mecánicos hasta que se dio cuenta de que lo estaban atacando por la espalda. A pesar de estar herido, Machchhar logró abrir la puerta de seguridad, lo que permitió que los pasajeros redujeran al copiloto. Un piloto de reserva a bordo logró desviar el vuelo a Arabia Saudita, donde Hammami fue detenido. Es una situación que simplemente no tiene nombre.

Por qué importa

Los investigadores buscan el 'porqué' detrás del ataque, tratando de determinar cómo un copiloto comercial se volvió violento y si fue radicalizado mientras vivía en el extranjero. Hablando claro: la industria aeronáutica está ahora bajo una presión intensa para reevaluar cómo supervisan al personal y detectan posibles amenazas a la seguridad.