La gran promesa

Donald Trump ha estado hablando fuerte sobre su más reciente movida: un trato con Venezuela que él llama "el acuerdo petrolero más grande en la historia mundial". Después de que las fuerzas de EE. UU. intervinieran en Venezuela en enero y detuvieran al presidente Nicolás Maduro, la administración instaló a Delcy Rodríguez en su lugar. Ahora, la Oficina de Capital Estratégico (OSC) del Pentágono asegura estar asegurando una participación del 35% en North American Blue Energy Partners (Nabep), una firma petrolera privada venezolana. Trump dice que este movimiento rellenará la Reserva Estratégica de Petróleo y asegurará el dominio energético de EE. UU. ¿Hablando claro? La verdad es que todo esto causa muchísima confusión.

El chisme real

Los expertos están frenando el hype. Para empezar, la ley venezolana ni siquiera permite contratos de desarrollo petrolero de 100 años; el máximo son 25. Luego está la pesadilla legal: la OSC no está legalmente autorizada para poseer capital privado. Aunque la Casa Blanca asegura ser dueña, el Pentágono admitió ante el Congreso que solo tienen "warrants" (opciones para comprar acciones después) en lugar de participaciones reales.

En el centro de este drama está Alejandro Betancourt López, el dueño de Nabep. Es una figura con muchas conexiones y un historial vinculado a investigaciones por corrupción, aunque nunca ha sido acusado de un delito. La forma en que está estructurado el trato ha hecho que expertos de la industria, como Phil Gunson del International Crisis Group, den la voz de alarma sobre la falta total de transparencia. Los grandes inversores petroleros se están manteniendo bien lejos.

Por qué importa

Esta es la primera vez que una administración de EE. UU. utiliza al Departamento de Defensa como un fondo de capital privado para asegurar activos corporativos extranjeros. Al utilizar la Ley de Producción de Defensa para saltarse los límites de inversión tradicionales, la Casa Blanca está básicamente entrando en territorio inexplorado y potencialmente ilegal. Si el trato fracasa —lo cual muchos expertos dicen que es probable— no pondrá ni una gota de petróleo en la Reserva Estratégica, convirtiendo toda la situación en una derrota total para la planificación energética a largo plazo.