Resulta que Character.AI se declaró oficialmente en bancarrota (capítulo 11) y está vendiendo sus activos a Disney. Si eres usuario, probablemente estés lowkey estresado por lo que pasará con tus datos, especialmente esas conversaciones privadas. La situación se complica: 40 fiscales generales estatales, liderados por la fiscal general de Nueva York, Letitia James, han presentado una notificación de interés en el caso de bancarrota para asegurarse de que todo no se vuelva un desastre.
Por qué importa la preocupación de los fiscales
Siendo realistas, esto no es solo sobre negocios; es sobre seguridad. Estos estados han estado investigando a la compañía desde 2024, tras una trágica demanda que involucró a un joven de 14 años que se quitó la vida después de interactuar con un chatbot. Según los reportes, la investigación descubrió señales de alerta graves: verificaciones de edad deficientes, bots haciéndose pasar por profesionales licenciados y exposición a contenido directamente violento o sexual.
La exigencia
Ahora que la compañía prácticamente se está desmantelando, los fiscales están presionando al juez de bancarrota. Quieren obligar a quien termine comprando estos activos a implementar medidas de seguridad reales. Están exigiendo:
- Sistemas de verificación de edad que realmente funcionen.
- Límites estrictos sobre cómo los menores pueden interactuar con los bots.
- Herramientas de intervención en crisis.
- La capacidad de que finalmente puedas borrar tus datos.
La fiscal general James no se guardó nada, afirmando que la compañía recopiló pensamientos sumamente privados de menores y que es necesario asegurar que cualquier comprador no trate ese historial de usuario simplemente como una mercancía.
Por qué importa
Es la clásica historia de advertencia tecnológica. Cuando una plataforma guarda tus pensamientos más profundos y privados —que muchos usuarios usan como un confidente—, que esas conversaciones se conviertan en un "activo transferible" en una bancarrota es, highkey, una pesadilla. El resultado de esto marcará la pauta sobre si tu huella digital sigue siendo tuya o si será subastada al próximo dueño de la tecnología.





