Está muy 'vibes off' que un grupo al que ya le dieron la salida siga actuando así. El capítulo de Alpha Epsilon Pi en la University of Wisconsin-Madison ha estado en los titulares por todas las razones equivocadas últimamente, pero esta no es la primera vez que están en el radar por un comportamiento caótico.

Un historial de red flags

Siendo realistas: esta fraternidad ha causado problemas por más de una década. En 2013, la universidad los puso en libertad condicional después de que una fiesta se saliera de control. La situación fue muy seria: un joven de 17 años y otro invitado tuvieron que ser llevados a desintoxicación tras consumir demasiado alcohol en la casa. Uno pensaría que eso sería una llamada de atención, pero al parecer solo fue el principio.

Incluso estando en la cuerda floja, la organización siguió acumulando infracciones relacionadas con el alcohol. Según los registros universitarios, fueron sancionados por cuatro incidentes más que involucraron eventos no autorizados mientras se suponía que estaban bajo restricciones estrictas. Es una locura que siguieran así, pero para 2015, UW-Madison finalmente decidió que era suficiente y cortó lazos con el grupo definitivamente.

El allanamiento reciente

Saltamos a este miércoles por la noche y el drama alcanzó un nuevo nivel. La policía de Madison allanó la casa local y encontró a 30 estudiantes en el sótano. La escena era totalmente perturbadora: los chicos estaban semidesnudos, cubiertos de condimentos y hacinados en un espacio sofocante y sucio. El allanamiento expuso al grupo por presuntamente obligar a los estudiantes a pasar por estos rituales de novatadas intensas, demostrando que incluso sin el reconocimiento de la universidad, la cultura tóxica seguía ahí como si nada.

Por qué importa

La situación destaca cómo algunas organizaciones siguen operando y poniendo a los estudiantes en situaciones peligrosas incluso después de ser oficialmente expulsadas del campus. Es una derrota masiva para la seguridad y los estándares de la comunidad, lo que demuestra que el estatus de 'no oficial' no impide necesariamente que un grupo continúe con el comportamiento que provocó su expulsión en primer lugar.